
Las cuentas salen en “números verdes”: el resultado de quemar pellets de biomasa ahorra la tala de miles de árboles cada año, pero tiene más ventajas: proporciona una salida a toneladas de residuos sólidos procedentes de podas y restos de maderas, y las emisiones de CO2 son tan reducidas los propios árboles ahorrados tienen la capacidad de absorción necesaria para absorberlo por fotosíntesis.